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Mostrando las entradas etiquetadas como normalidad

Sobre la tolerancia

En estos días la gente es tolerante. O eso dice. Y como cada vez es más sencillo pelear sin verle la cara a la gente, la tolerancia se convirtió en un ejercicio de ser políticamente correcto de frente, mientras tiras la piedra por detrás, generalmente en la impersonalidad de las redes sociales. Quienes me conocen bien, saben que la tolerancia no es mi palabra favorita. La detesto, porque tiene esa tibieza de quien no se compromete. Es meramente epidérmica, aséptica: como tolerar la lactosa, el tráfico, el reguetón. No me gusta porque la usamos con todo eso que no nos queda más que soportar, que consideramos inferior, malo, que ni siquiera debemos detenernos a observar. La tolerancia es, de por sí, un juicio. El tema es que se supone que debemos educar en la tolerancia. Debemos tolerar a quienes piensan distinto (están equivocados, pero cada uno tiene derecho a su opinión, no?) a quienes creen distinto (pobrecitos, no han encontrado la inserte aquí su religión-ideología-creencia mient...

Sobre las ganas de pelear.

Estos días en mi cotidianidad, en la cotidianidad del país, se han hecho turbulentos. Ahora todos creen saber cuál es la mejor decisión para el mundo, opinando sin tener mayor idea de lo que dicen. Con muchas ganas de imponer lo que se piensa, de pelear a base de fuerza y de gritar más duro, más alto. En fin, con ganas de pelear con el otro. Y yo también quiero opinar -no voy a negar que esta entrada es eso, y pues está cargada de toda mi subjetividad y mis puntos de vista-  y creo poder aportar algo a tanto río revuelto, así me lean pocos. Lo primero: Me sorprende la virulencia de la gente. Más de la gente que me es querida, que ha compartido un momento de vida y de amor conmigo, y que ahora asume que enseñar en los colegios a construir una identidad y a respetar esa construcción es hacer una apología a la homosexualidad. Si en mis colegios eso hubiera estado claro, quizá yo habría podido estar más tranquila en mi infancia, y no me hubiera sentido como un bicho raro cuando juga...

Sobre las familias

En este país dónde todo es blanco o negro y dónde las leyes cambian primero que los imaginarios, son muchas las voces que se alzan a favor o en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo; desde nuestros afectos y miedos, desde la posibilidad y desde nuestros prejuicios, infundados o no. Y porque para mí este tema es importante -y personal- quisiera, desde este lugar que me permite hablar sin miedo, dar algunas opiniones al respecto: 1. No todos los homosexuales son buenos para adoptar. Ni los heterosexuales. Es más: ni siquiera todos quieren hacerlo. La verdad, no todos los seres humanos podemos adoptar, cuando ni siquiera podemos con nosotros mismos. Y eso lo tiene claro el ICBF, quien seguirá aplicando los mismos requisitos, no importa quien quiera hacer ese proceso. La estabilidad emocional, psíquica, económica de quienes adoptan tiene que ser idónea para criar un hijo y tiene que ser calificada por el estado. Eso excluye a una enorme cantidad de parejas, tanto h...

Sobre la normalidad

Normal: 3. adj. Dicho de una cosa: Que, por su naturaleza, forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Real Academia Española,  http://lema.rae.es/drae/?val=normalidad Este asunto de la normalidad es una cosa que siempre me ha puesto a pensar en nuestras definiciones de bueno o malo. Si hubiéramos nacido hace ochenta años, habría sido absolutamente normal casarnos con quienes nuestros padres hubieran elegido. Y probablemente (como mi abuelita) no seríamos mayores de veinte antes de casarnos. Incluso casarte a los 15 habría sido perfectamente normal. Hoy nos asustaría ver una niña de 15 casada con un señor de 35 o 40.  En muchas sociedades, hace tan solo 60 años casarte con alguien de raza negra era ilegal. O abandonar a tu hijo en la puerta de una iglesia o encontrar un niño tirado en un parque y criarlo como tuyo no tenía nada de malo. Era absolutamente normal.  Sin ir más lejos, continuar con un matrimonio abusivo, permitir el m...