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Sobre caminar

Caminar es uno de los verbos más bonitos que tiene el español. Quizá es también una de las acciones más simples y significativas que realizamos, pues caminar es movernos hacía un lugar, un destino, una meta. A mi me gusta mucho caminar. Y aunque he perdido la costumbre, caminar sola es uno de los placeres que más disfruto, porque me permite descubrir cosas y detenerme ante cualquier pequeñez, sin demorar el viaje de alguien más. También disfruto caminar en compañía, pero elijo bien con quién lo hago: caminar, como tomar café, es algo reservado sólo a quienes tienen mi corazón consigo, y esas personas son pocas. Caminar implica decidir: hay lugares por dónde caminar será más difícil, dónde no hay luz suficiente para ver por dónde vas, dónde es fácil perderse. Puedes terminar en otro camino, hacia lugares que  no imaginaste; encontrarte con sorpresas no necesariamente agradables. Debes decidir si llevar ropa por si llueve, o ir ligera y con mucho bloqueador. Si sales de noche o ...

Sobre lo sagrado

Hace un tiempo llevo pensando en las cosas que son sagradas: para mi, para el mundo, para distintas tradiciones religiosas; las cosas que componen mis ritos cotidianos, que me conectan con el mundo y con la gente que amo. Los lugares que están habitados por mis vivencias, mis miedos, mis soledades... Y he llegado a la conclusión de que todos necesitamos esos espacios sagrados. Porque son las cosas que nos construyen, que nos dan un horizonte y unas raíces. El mundo ha olvidado lo sagrado, en su afán de imponer su civilización sobre todo aquello "antiguo y obsoleto", y hemos perdido esas conexiones con lo realmente sacro, que va mas allá de cualquier religión o creencia. Aunque suene exagerado, lo comprobé subiendo al nevado, pues ¿qué lugar más sagrado que dónde nace el agua? A pesar de eso, se le insiste a los turistas para que no ensucien, y muchos rompen el silencio sobrecogedor con música estridente, y ruido, y ese aire de superioridad que nos da sentirnos dueños del mu...

Sobre las familias

En este país dónde todo es blanco o negro y dónde las leyes cambian primero que los imaginarios, son muchas las voces que se alzan a favor o en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo; desde nuestros afectos y miedos, desde la posibilidad y desde nuestros prejuicios, infundados o no. Y porque para mí este tema es importante -y personal- quisiera, desde este lugar que me permite hablar sin miedo, dar algunas opiniones al respecto: 1. No todos los homosexuales son buenos para adoptar. Ni los heterosexuales. Es más: ni siquiera todos quieren hacerlo. La verdad, no todos los seres humanos podemos adoptar, cuando ni siquiera podemos con nosotros mismos. Y eso lo tiene claro el ICBF, quien seguirá aplicando los mismos requisitos, no importa quien quiera hacer ese proceso. La estabilidad emocional, psíquica, económica de quienes adoptan tiene que ser idónea para criar un hijo y tiene que ser calificada por el estado. Eso excluye a una enorme cantidad de parejas, tanto h...

Sobre el amor

Hace unos dias la vida me hizo un regalo mágico, de esos que te devuelven cosas que creías  perdidas, que te ponen a pensar. Estuve con un grupo de chicos y chicas maravillosos, que hacen del ejercicio del arte una experiencia real, y que a pesar de ser apenas unos niños lo hacen con el amor que muchos hemos perdido. Y me hizo pensar sobre cómo hacemos y estamos en el mundo. Y sobre el amor que mueve el mundo de tantas maneras, como una fuerza poderosa que nos arrasa, que nos deja desnudos bajo el cielo y que nos da la fuerza para ser eso que somos y que a veces ocultamos de todos. Que nos llena de motivos para continuar, más allá del cansancio, del hambre, del miedo, del desconcierto. A veces abusamos de la palabra amor. Porque es una de esas cosas abstractas que no se pueden explicar fácilmente. Es cómo un color, que no puedes describir pero sabes que está ahí cuando lo ves, porque lo reconoces en una mirada, en un gesto, en una decisión. Y nos enseñaron que amar es poseer, es...

Sobre la pasión

Ya llevaba un tiempo sin montar en bici (vacaciones, enfermedad ya superada, bici en reparación) y volver a ella hace un par de días fue toda una revelación. No es que me haya iluminado ya, ni nada, pero si me hizo pensar en las cosas que disfruto mucho, que me hacen sonreír y me hacen feliz sólo con hacerlas. También volví a la guitarra, que hace que la piel se me erice, me deja sonreír y hacer cosas a pesar del cansancio y de la desesperanza. Que me hace feliz, por el hecho simple de poder permitir tanta magia pasando a través de mis dedos, de mis oídos, de mi corazón y me recuerda que no puedo permitir que la vida se me escape por estar persiguiendo estabilidades que son ilusorias e impermanentes, mientras lo importante siempre está al alcance del corazón. Recordé todas las noches que dormía sólo tres o cuatro horas para poder estudiar guitarra, o cuando me levantaba a las cuatro antes de ir para el colegio para ensayar y cuando cerraba los ojos veía partituras. Y las tarde...

Sobre las máscaras

Hoy me he puesto a pensar en las máscaras. En esas que usamos todos los días. En las que nos ponemos sin pensarlo mucho: la del trabajo, la de la familia, la de los amigos, la de conquistar. En la máscara auténtica, que se supone no tenemos porque somos transparentes. En la que usamos cuando conocemos a los suegros.  Entre esos pensamientos de hoy se me cuela uno que lleva rondando hace mucho tiempo, y es el de las máscaras que nos ponemos pero pesan tanto, porque nos quedan muy grandes o muy pequeñas. Porque no son nuestras. O porque ya hemos crecido lo suficiente para seguirlas usando. Y sobre todo en las que, por fin, dejamos que se rompan y nos dejan ver un pedacito de esa verdad, nos dejan respirar y sentirnos tan a gusto con eso que somos, con nuestras manías y nuestras peculiaridades. ¿Para qué necesitamos construir tanto blindaje entre nosotros y los otros? ¿Entre nosotros y el espejo? ¿Será que cuando podemos ver eso que tanto escondemos, nos asusta su verdad, su clari...

Sobre el tiempo.

Últimamente me he descubierto usando mucho la expresión "no tengo tiempo". Y muchos a mi alrededor la usan (de hecho, muchos usan esa excusa para no leer mi blog) por lo que me ha surgido una pregunta: qué significa no tener tiempo? tenemos una cuenta en algún lado (cómo un banco) que tiene los minutos que vamos a usar en la vida? Acaso no tenemos todos en un día las mismas 24 horas? 1440 minutos*? será que la relatividad nos alcanza para decir que el tiempo no es el mismo para todos (al menos en este lado del universo conocido**)? Conozco gente increíble, casi inverosímil, que hace mil cosas a la vez: trabajan, estudian, tienen hobbys, tienen familia (hijos y demás responsabilidades serias), leen libros, hacen ejercicio, cocinan, arreglan la casa y hasta se pueden encontrar con amigos alguna vez por semana. Esas personas existen. Y son ellas las que me demuestran que tiempo si hay. Que el secreto está en no distraerse en nimiedades como las noticias que se te olvidarán ma...